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Gerhard Adler

FE CRISTIANA
Y SOCIEDAD

verbo divino

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GERHARD ADLER (ed.)

Fe cristiana
y sociedad

EDITORIAL VERBO DIVINO
ESTEIXA (Navarra) ESPAÑA

1974

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relaciona todo el libro con los lazos existentes entre
Dios y el alma humana, con lo cual, por supuesto, ha
intentado relegar y sublimar este sector hacia una di-
rección religiosa. Indudablemente el problema es si no
se habrá conferido así un gran impulso a una peligrosa
devaluación de lo sexual, como se dejó sentir posterior-
mente en la tradición occidental del cristianismo.

— Usted ha remarcado primeramente que no se
debe poner entre paréntesis el aspecto humano de esta
cuestión a la hora de formular nuestras preguntas. Así,
pues, ¿podría usted analizar más a fondo la base pri-
mariamente humana de la ética sexual y luego respon-
der a la pregunta de si, por encima de esta base, habría
de tenerse en cuenta un aspecto especialmente cristiano?

— Sobre esto yo diría lo siguiente: creo que la cons-
tatación realizada por Freud de que la libido o sexua-
lidad humana no debe considerarse como un impulso
parcial del hombre, sino que caracteriza y recorre la
totalidad de la persona, etc., reintrodujo en la antro-
pología una categoría bíblica primitiva, planteando el
problema de si lo sexual se experimenta como algo pura-
mente parcial, ocasional o extraordinario, que, sin em-
bargo, puede adquirir rasgos neuróticos en las diversas
formas de la neurosis. Se plantea el problema de si la
sexualidad humana, es decir, el ser del hombre como
varón y mujer se relaciona con una especie de econo-
mía de instintos dentro de la totalidad del ser humano,
constituyéndose así en un factor que puede determinar
toda la existencia.

Yo creo que este problema es de por sí fundamental,
importante, y yo diría que se trata de un problema
propio de la ética sexual. De esto es de lo que se trata,

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y así se ha de ver. Además, téngase en cuenta que hoy
día la problemática no puede limitarse al mero análisis
de si se valora negativa o positivamente lo sexual, sino
que, ante todo, se trata de la idea de que el hombre
lleva el sello indeleble de su sexualidad en la conducta
típicamente humana. También se ha de tener en cuenta
la humanización, que yo nunca localizaría, como Freud,
en la sublimación de los instintos, sino en la integración
de la sexualidad en el todo del ser humano. Es decir,
aquí se trata, además, del problema de la relación con
las demás personas. Por tanto, en el momento en que
se excluya la cuestión de las relaciones con el otro ser
humano, que en este caso se encarna en el compañero
sexual, automáticamente queda éste considerado como un
objeto de placer, y, en consecuencia, creo que en tal
caso no satisfaríamos nunca la exigencia de amor inhe-
rente a toda relación interhumana.

Por otra parte, si se me pregunta cómo veía Jesús
lo sexual, habríamos de reflexionar sobre lo que dis-
tinguía a la actitud de Jesús con respecto a su ambiente.
Y entonces yo diría que, según el testimonio del Nuevo
Testamento, Jesús nunca llevó a cabo una localización
del mal en el ámbito de lo sexual. La sexualidad no es
el asiento del mal. Esto es muy importante.

— ¿Cree que se puede mantener la exigencia tradi-
cionalmente cristiana de la monogamia y la fidelidad
matrimonial al menos como meta y como ideal? Porque
hay teólogos que opinan que son posibles y pensables
otras formas de convivencia matrimonial. ¿O cree que
el matrimonio único, al menos como ideal al que ha de
aspirarse, constituye una parte inmutable e integrante
de las consideraciones cristianas en el sector de la moral
y de la legislación canónica?

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— Bien. A este respecto, yo diría lo siguiente: desde
luego, resulta muy difícil predecir hasta qué punto el
matrimonio único habrá de ser parte integrante de
nuestra cultura. Esto es algo que depende en gran me-
dida de cómo se realice el matrimonio único. Si en el
matrimonio único se considera una determinada forma
que se ha realizado históricamente, entonces habrá de
tenerse en cuenta que hay muchos problemas socioló-
gicos involucrados en este asunto. Y además habrá que
decir que, en el transcurso de la historia, esta institu-
ción del matrimonio único ha ido cambiando mucho.
Por tanto, el problema de la configuración de esta forma
•de matrimonio único se ha visto sometido a los cambios
históricos, lo cual implica, al menos visto desde fuera,
una ventaja mayor o menor y también un peligro.

Pero habrá que hacer una distinción exacta entre
«ste problema y el del matrimonio único. Primeramente,
puedo pensar sencillamente que cabe dentro de las
posibilidades de la experiencia humana el querer con-
vivir con otra persona a la que se ama, y querer con-
vivir con ella de manera ilimitada. Yo creo que es en
este punto donde el problema se decide tajantemente.
Se podría preguntar, por ejemplo, hasta qué punto la
renuncia al ideal del matrimonio único podría favorecer
•quizás a la incapacidad de amor del hombre. Este sería
un interrogante a dirigir a aquellos que consideran
completamente errónea la institución del matrimonio
único.

Es cierto que habrá que liberarse de un entendimien-
to legalista del matrimonio único. Esto es muy impor-
tante, y así se vio en el pasado. Ello tuvo como secuela
el que se pasara por alto el hecho de que el proceso de
maduración de ambos cónyuges es algo que debe preceder
ineludiblemente. Se olvidaba que también en ese ca-

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mino podían surgir situaciones conflictivas y que los
conflictos habrían de soportarse sabiendo que han de
existir posibilidades de soportar perfectamente tales
conflictos, en el sentido de una maduración tan humana
como productiva, de forma que ambos puedan con-
tinuar adelante.

El entendimiento legalista del matrimonio único ha
impedido, según creo, el que en el pasado se pudiera
dar un proceso personal de maduración en ambos cón-
yuges o en alguno de ellos, fenómeno que naturalmente
y por necesidad ha traído consigo muchos conflictos.
Y, a este respecto, me atrevería a decir que ese proceso
de maduración debería tenerse en cuenta con tanta ma-
yor atención en el futuro, de forma que ya no se con-
sidere al matrimonio único como si fuera el único modo
legal disponible para la realización del matrimonio
estipulado de manera parcialista en los cánones. Este
es un gran problema, debido a que la fijación legal
parcialista, que se echa de ver sobre todo en el código
de derecho canónico, ha tenido como consecuencia el
que se hayan tenido por matrimonio otras formas de
relación semejantes al mismo. En esto veo yo un error.
Resulta interesante, por ejemplo, el que los teólogos
de las misiones hayan aceptado muchas veces la poli-
gamia, al menos como una posibilidad transitoria con-
dicionada por el grado de desarrollo cultural, habiendo
procedido, no obstante, a bautizar a quienes se encon-
traban en tal situación, sin haber pretendido eliminar
antes estos matrimonios.

— Permítame una pregunta muy breve: ¿es o no es
cierto que la teología moral está reflexionando actual-
mente sobre las ideas y hallazgos de la psicología pro-
funda, por ejemplo en lo relacionado con el tema de la

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su Dios, sino precisamente la apertura de las posibili-

dades del hombre. Si usted lo acepta, yo entiendo mi

actitud y mis acciones, así como mi praxis, en el sentido

de que yo no estoy utilizando mi filosofía y mi teología,

mi pensamiento y mi fe, para fijar a la gente en cual-

quier línea, sino que pongo en sus manos las posibili-

dades para liberarse e incluso para ser creyente o para

negarse a ello, ser crítico y abrirse plenamente a las

demás posibilidades del ser humano.

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LOS AUTORES

• Gerhard Adler nació en Nordhalben en 1941. Es-
tudió anglística e historia. Fue colaborador de Herder-Ko-
rrespondenz, especialmente para España y Latinoamérica.
Actualmente es redactor de la emisora del suroeste.

• Walter Künneth, catedrático de teología sistemática
en la universidad de Erlangen.

• Herbert Vorgrimler, catedrático de dogmática en
la escuela superior de teología de Lucerna.

• Jan Afilie Locbmann, catedrático de teología siste-
mática en la universidad de Basilea.

• Herbert Braun, catedrático de teología del Nuevo
Testamento en la universidad de Maguncia.

• Joseph Ratzinger, catedrático de dogmática en la
universidad de Ratisbona.

• Josef Blank, catedrático de teología católica en la
universidad de Saarbrücken.

• Tmtz Rendtorff, catedrático de teología sistemática
en la universidad de Munich.

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• Dorothee Sólle, teóloga y profesora adjunta en el
instituto germanístico de la universidad de Colonia.

• Eberhard Jüngel, catedrático de teología sistemática
en la universidad de Tubinga.

• Karl-Heim Deschner, escritor libre de Hassfurt
(Franconia Central).

• Gonsa.lv Mainberger, dominico de Lucerna.

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http://Gonsa.lv

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