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                            ÍNDICE GENERAL
PRESENTACIÓN
BIBLIOGRAFÍA GENERAL
SIGLAS Y ABREVIATURAS
ÉPOCA PRIMERA (1-313)
	CAPÍTULO I NOCIONES PRELIMINARES
	CAPÍTULO II JESÚS DE NAZARET
	CAPÍTULO III LA IGLESIA PRIMITIVA DE JERUSALÉN
	CAPÍTULO IV SAN PABLO
	CAPÍTULO V SAN PEDRO Y LA IGLESIA DE ROMA
	CAPÍTULO VI LOS ORÍGENES DE LA IGLESIA EN ESPAÑA
	CAPÍTULO VII LAS PERSECUCIONES DEL IMPERIO ROMANO
	CAPÍTULO VIII SIGNIFICADO DE LAS PERSECUCIONES
	CAPÍTULO IX CONSTITUCIÓN ORGÁNICA DE LA IGLESIA
	CAPÍTULO X EL CULTO CRISTIANO
	CAPÍTULO XI LA VIDA COTIDIANA DE LOS CRISTIANOS
	CAPÍTULO XII LA CARIDAD FRATERNA
	CAPÍTULO XIII LA CONVERSIÓN AL CRISTIANISMO
	CAPÍTULO XIV CONFLICTOS, HEREJÍAS Y CISMAS
ÉPOCA SEGUNDA (313-400)
	CAPÍTULO XV LA IGLESIA DEL SIGLO IV
	CAPÍTULO XVI CISMAS Y HEREJÍAS
	CAPÍTULO XVII LA IGLESIA IMPERIAL
	CAPÍTULO XVIII UN MUNDO DE IMÁGENES Y DE COLORES
	CAPÍTULO XIX SANTOS PADRES Y ESCRITORES
	CAPÍTULO XX EL MONACATO
	CONCLUSIÓN FIN DE UNA ÉPOCA
ÍNDICE ONOMÁSTICO
                        
Document Text Contents
Page 1

Serie de Manuales de Teología

Historia de la Iglesia
I. Edad Antigua

Jesús Álvarez Gómez

y* fV

y

Page 2

PLAN GENERAL DE LA SERIE

Teología fundamental
3 Dios, horizonte del hombre, J. de Sahagún Lucas (publicado)
5 Patrología, R. Trevijano (publicado)
9 Historia de la Teología, J. L. Illanes e I. Saranyana (publicado)

14 Introducción a la Teología, J. M.a Rovira Belloso (publicado)
19 Fenomenología y filosofía de la religión, J. de Sahagún Lucas (publicado)

Teología de la revelación y de la fe, A. González Montes

Teología sistemática
1 Teología del pecado original y de la gracia, L. F. Ladaria (publicado)

10 Mariología, J. C. R. García Paredes (publicado)
16 La pascua de la creación, J. L. Ruiz de la Peña (publicado)
18 Eclesiología, E. Bueno de la Fuente (publicado)

El misterio del Dios trinitario, S. del Cura
24 Cristología, O. González de Cardedal (publicado)

Antropología teológica y fundamental, A. Martínez Sierra

Teología sacramental
2 Penitencia y Unción de enfermos, G. Flórez (publicado)
4 Tratado general de los sacramentos, R. Arnau García (publicado)
6 La liturgia de la Iglesia, i. López Martín (publicado)

11 Orden y ministerios, R. Arnau García (publicado)
12 Matrimonio y familia, G. Flórez (publicado)
22 Bautismo y Confirmación, I. Oñatibia (publicado)
23 Eucaristía, D. Borobio (publicado)

Teología moral
8 Moral fundamental, J. R. Flecha Andrés (publicado)

15 Moral socioeconómica, A. Galindo (publicado)
Moral de la persona, J. R. Flecha Andrés
Moral sociopolítica, R. M.a Sanz de Diego

Teología pastoral y espiritual
7 Teología espiritual, S. Gamarra (publicado)

13 Teología pastoral, J. Ramos Guerreira (publicado)
Pastoral catequética, A. Cañizares

Historia y arte
17 Arqueología cristiana, J. Álvarez Gómez (publicado)
25 Historia de la Iglesia. I: Antigua, J. Álvarez Gómez (publicado)

Historia de la Iglesia. II: Media, i. Sánchez Herrero
Historia de la Iglesia. III: Moderna, J. García Oro
Historia de la Iglesia. IV: Contemporánea, J. M.a Laboa

20 Historia del arte cristiano, J. Plazaola (publicado)
21 Historia de las religiones, M. Guerra Gómez (publicado)

HISTORIA
DÉLA

IGLESIA
i

Edad Antigua

POR

JESÚS ÁLVAREZ GÓMEZ

BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS
MADRID • 2001

Page 186

168 /. La Iglesia en el Imperio Romano pagano

San Pablo trazó, sin duda, una caricatura negativa del mundo pa-
gano, que tendría que ser completada con los rasgos de una religiosi-
dad sincera, vivida dentro de la piedad sencilla de la vida familiar
que conducía a los paganos a las cercanías del ideal de vida descrito
por aquellos auténticos directores espirituales de la sociedad roma-
na, como Séneca y otros filósofos que con sus enseñanzas procura-
ban elevar la moralidad de las gentes.

Otro tanto acaece con la Carta a Diogneto, la cual traza, más que
la realidad, el ideal de esa vida nueva que el cristianismo aportó al
mundo antiguo; es decir, describe lo que debería haber sido su con-
ducta moral, conforme a las exigencias del evangelio de Jesús; pero
en realidad, hay que rebajar en un porcentaje bastante elevado tan
bellos ideales, porque la historia de la penitencia es muy elocuente a
este respecto.

Sin embargo, todo eso no es óbice para que no se pueda afirmar
con verdad que el testimonio de vida y santidad de los primeros cris-
tianos fue muy elevado, pues lo reconocían hasta los mismos paga-
nos que admiraban en ellos, sobre todo, la honestidad de costumbres,
la fortaleza ante la muerte, y el amor mutuo que se manifestaba en la
asistencia a los pobres y enfermos. En este sentido se expresa el apo-
logista Teófilo de Antioquía cuando describe el tenor de la vida mo-
ral de los cristianos: en contraposición a los paganos, se halla entre
los cristianos el sabio dominio de sí mismo, se practica la continen-
cia, se guarda la monogamia, se halla extendida la castidad; se elimi-
na la injusticia, se borra el pecado hasta las raíces; se ejercita la justi-
cia, se observa la ley, se manifiesta la piedad en obras, se reconoce a
Dios. La verdad es considerada como el bien más sublime. La gracia
los conserva, la paz (de Dios) los defiende, la palabra sagrada
los guía, la sabiduría los enseña, la vida eterna los dirige. Dios
es su Rey.

CAPÍTULO XII

LA CARIDAD FRATERNA: «VED CÓMO SE AMAN»

BIBLIOGRAFÍA

ÁLVAREZ GÓMEZ, J., «... y él los curó» (Mt 15,30). Historia e identidad
evangélica de la acción sanitaria de la Iglesia (Madrid 1996); HAMMAN,
A. G., La vida cotidiana de los primeros cristianos (Madrid 1985);
LALLEMAND, L., L'histoire de la charité, 4 vols. (París 1901-1902);
LAMBOURNE, J. R., Le Christ et la santé. La mission de l'Eglisepour la gué-
rison des hommes (París 1972); PAZZINI, A., L'Ospedale nei secoli (Roma
1958); RATTI, N., Sopra li stabilimenti dipubblica beneficenza degli antichi
Romani: Atti Acc. Rom. di Archeologia 3 (1929) 375-425.

1. LAS OBRAS DE NUESTRA JUSTICIA Y DE
NUESTRA MISERICORDIA

Los santos Padres atribuyeron al texto evangélico en el que Jesús
de Nazaret se identifica con los menesterosos (Mt 25,31 ss) una espe-
cial importancia soteriológica, hasta el punto de que en él han visto
seis muestras especiales de la misericordia salvífica de Dios: seis
obras de amor que marcan la ruta a seguir para con los que sufren de
alguna manera en su cuerpo o en su espíritu, y que San Cipriano de
Cartago calificaba como las obras de nuestra justicia y de nuestra
misericordia. A estas seis obras señaladas por el evangelio de San
Mateo, San Agustín añadió otra: «enterrar a los muertos», inspirada
en el Libro de Tobías; con lo cual se completó el número de las
«7 obras de misericordia corporales», que el P. Gaspar Astete sinteti-
zó así en su célebre Catecismo de la Doctrina cristiana: 1) visitar a
los enfermos; 2) dar de comer al hambriento; 3) dar de beber al se-
diento; 4) redimir al cautivo; 5) vestir al desnudo; 6) dar posada al
peregrino; 7) enterrar a los muertos '.

Los cristianos de los primeros siglos levantaron un auténtico mo-
numento a la caridad fraterna a través de las obras de misericordia; y
con ello dieron lugar a una afirmación de la fe en Cristo que no pudo
menos de causar una admiración tan grande a los paganos, que llega-
ron a exclamar: «mirad cómo se aman»; expresión a la que, por su
incapacidad para comprender tan elevado amor de los cristianos al

1 L. RESINES, Catecismos de Astete y Ripalda (BAC, Madrid 1987) 731.

Page 187

170 /. La Iglesia en el Imperio Romano pagano

prójimo, a veces le conferían un matiz despectivo, como si los po-
bres fueran unos vividores y los cristianos unos ingenuos que se de-
jaban engañar por ellos; pero lo que pretendía ser una burla, se con-
virtió en el más alto elogio que se le pudo tributar a la Iglesia de los
primeros siglos.

A estas «siete obras de misericordia corporales» se añadieron
después otras «siete obras de misericordia espirituales»: 1) enseñar
al que no sabe ; 2) dar buen consejo al que lo ha menester; 3) corre-
gir al que yerra; 4) perdonar las injurias; 5) consolar al triste; 6) su-
frir con paciencia las adversidades y flaquezas de nuestros prójimos;
7) rogar a Dios por los vivos y por los muertos 2.

En torno a estas obras de misericordia, espirituales y corporales,
girará, en seguimiento del comportamiento existencial de Jesús de
Nazaret, toda la actividad misericordiosa de la Iglesia a lo largo de
su historia. El cuidado de los que sufren es una señal espléndida de
que el reino de Dios, anunciado por Jesús, sigue actuando en el mun-
do por medio de la acción de la Iglesia.

2. LA HOSPITALIDAD CRISTIANA

La hospitalidad, en su primigenia acepción de acogida y agasajo
inviolables para amigos y extraños, fue conocida y practicada desde
el despertar de la conciencia social de la humanidad, como lo atesti-
guan las grandes civilizaciones del Creciente Fértil: Caldea, Asiría,
Egipto y, sobre todo, el Pueblo de Israel; pero el concepto de hospi-
talidad evolucionó muy pronto hacia el significado mucho más pro-
fundo y religioso de misericordia para con los pobres y enfermos.

La hospitalidad, en el mundo extrabíblico, tenía siempre un ca-
rácter sagrado. El forastero que atravesaba el umbral de la puerta era
considerado como un enviado de los dioses. De este mismo carácter
sagrado gozaba la hospitalidad en el judaismo. Son abundantes los
ejemplos veterotestamentarios: Abraham y Lot (Gen 18-19); Rebeca
(Gen 24,15-28); Job (Job 31,32); Rajab la cortesana de Jericó (Jos
2,1-11). Estos modelos del Antiguo Testamento fueron evocados por
San Clemente en su carta a los cristianos de Corinto, al exhortarlos a
la práctica de la hospitalidad3.

También en el Nuevo Testamento se encuentra el elogio de la hos-
pitalidad (Le 10,34; 11,5.14); San Juan elogia a Gayo, el destinatario
de su tercera carta, conocido por su fervor en la acogida que prestaba a

2 Ibid., 731.
3 SAN CLEMENTE, Carta a los Corintios, 1,1.

C. 12. La caridad fraterna: «ved cómo se aman» 171

los forasteros en una comunidad del Asia Menor (3 Jn 5-8); y, en cam-
bio, critica a Diótrefes, que ambicionaba el ser jefe de la comunidad, y
no sólo no daba hospitalidad a los forasteros, sino que además impe-
día que otros se la prestaran (3 Jn 10).

La hospitalidad era una carga bastante pesada para las comunida-
des cristianas, especialmente en las grandes ciudades, como Roma,
Alejandría, Antioquía o Corinto, que eran muy frecuentadas por cris-
tianos de todas las latitudes, atraídos por la fama de sus mártires y de
su origen apostólico. Esto explica, por ejemplo, la intervención del
papa Clemente ante los cristianos de Corinto, a quienes anima a ser
hospitalarios 4; y se explica también la gratitud de San Ignacio de
Antioquía por la fraterna hospitalidad que le prestaron las comunida-
des por las que había hecho escala durante su viaje para recibir el
martirio en Roma. El gran obispo Melitón de Sardes compuso una
obrita, que se ha perdido, sobre este tema.

La hospitalidad, que para los cristianos era un servicio prestado
al mismo Cristo en la persona de los hermanos 5, para algunos inte-
lectuales paganos era objeto de burla; Luciano de Samosata califica-
ba de ingenuos a los cristianos porque pensaba que se dejaban explo-
tar por picaros que se aprovechaban de su generosidad y de su pie-
dad; y es posible que así sucediera en alguna ocasión porque, «si ven
a un extraño, lo acogen bajo su techo y se regocijan de tenerlo con
ellos, como si fuera un verdadero hermano» 6.

En la Iglesia primitiva abundan las recomendaciones sobre la
hospitalidad, tanto en las cartas apostólicas 7 como en los primeros
escritos cristianos al margen del Nuevo Testamento 8. La carga de la
hospitalidad recaía sobre toda la comunidad; en Roma y en Cartago,
por lo menos desde la segunda mitad del siglo n, existía una caja co-
mún que se nutría con las aportaciones o limosnas que se recaudaban
en la celebración litúrgica de los domingos 9; pero el responsable
principal era siempre el obispo, el cual se servía especialmente de
los diáconos y diaconisas para prestar este servicio.

A fin de evitar los abusos, el cristiano que se ponía en camino
llevaba una carta de recomendación del obispo de su propia comuni-
dad. Un ejemplo prototípico de estas cartas de recomendación es la
tercera Carta de San Juan. Y en el siglo n se hizo una reglamentación

4 CLEMENTE ROMANO, A los Corintios, 10-12.
5 ARÍSTIDES, Apología, 15.
6 LUCIANO DE SAMOSATA, De morte Peregrini, 11-13.16.
7 Rom 12,13; 1 Tim 5,10; Tit 1,8; Heb 6,10; 13,2; 1 Pe 4,9.
8 Pastor de Hermas, Semejanza 9, 27; Praec, 8, 10; PSEUDO-CLEMENTE,

Hom. 9.
9 SAN JUSTINO, Apología I." 67; TERTULIANO, Apologético, 39.

Page 371

354 índice onomástico

Monarquianismo, 209.
Montañismo, 207.
Muratori, 64.

Ñapóles, 66.
Necrópolis vaticana, 62.
Nerón, 61 88 90.
Nerva, 90.
Nicanor, 41.
Nicéforo Calixto, 68.
Nicolaísmo, 204.
Nicolás, 41.
Nicomedia, 95.
Novaciano, 110 212 308.
Novato, 110.
Nueva Roma, 133.

Obras de misericordia, 168.
Optato de Milevi, 237.
Oración, 153-155.
Oración comunitaria, 39.
Orígenes, 26 67 93 258 305-306.
Orosio, 13 74.

Pablo de Samosata, 132.
Pafos, 47.
Panfilia, 57.
Papa, 129.
Papias, 61.
Pármenas, 41.
Parusia, 8.
Pascual II, 62.
Palmos, 64.
Patrás, 69.
Patriarcados, 127.
Paz Romana, 11 27 86.
Pecados mortales, 144.
Pelagianismo, 254.
Pella, 51 193 203.
Penitencia, 144.
Penitencia privada, 146ss.
Penitencia pública, 146ss.
Pentecostés, 8 32-34.
Perpetua, 91.
Persia, 67.
Pilar (Ntra. Sra. del), 72.
Pío XII, 62 63.

Pisidia, 47.
Plinio el Joven, 22 90 99,
Polícrates de Éfeso, 131.
Pompeya, 66.
Porto, 57.
Pozzuoli, 66.
Primado de Pedro, 29-30 12»
Priscilianismo, 256-257.
Proclo, 62.
Prócoro, 41.
Propaganda Fide, 57.
Prosélitos, 48.
Próspero de Aquitania, 13.
Prudencio, 27 74 87 315.
Pseudo Dionisio, 52.
Pueblos bárbaros, 57.

Rebautizar a los herejes, 126
Religiones mistéricas, 190-19]
Rescripto de Trujano, 99.
Rops, D., 27.
Rufino de Aquileya, 13.

Sabino, 83.
Sacrificios (AT), 40.
Sacromonte (Granada), 80.
Salerno, 67.
Samaría, 40 42 50.
San Agustín, 316 344ss.
San Ambrosio, 315.
San Andrés, 68.
San Atanasio, 79 311-312.
San Bartolomé, 68.
San Basilio, 338ss.
San Braulio, 74.
San Celedonio, 84.
San Cipriano, 83 84 307-308.
San Cirilo de Jerusalén, 57 79 313
San Clemente Romano, 60.
San Cucufate de Barcelona, 84,
San Emeterio, 84.
San Epifanio, 79 258 313.
San Felipe, 68.
San Félix de Gerona, 84.
San Fructuoso, 84.
San Gregorio Magno, 57.
San Gregorio Nacianceno, 312.

índice onomástico 355

San Gregorio de Nisa, 312.
San Hilario de Poitiers, 314.
San Ignacio de Antioquía, 60 90.
San Ildefonso de Toledo, 74.
San Ireneo de Lyón, 61 64 82 122

303.
San Isidoro de Sevilla, 13 73-74.
San Jerónimo, 49 60 65 79 315.
San Juan, 64-65.
San Juan Crisóstomo, 79 310-311.
San Judas Tadeo, 68.
San Julián, 74.
San Justino, 89 91 141.
San Lorenzo, 93.
San Marcelo de León, 84.
San Marcos, 39 69.
San Martín de Braga, 74.
San Mateo, 67.
San Matías, 29 68.
San Metodio, 57.
San Pablo, 45 53 60 63.
San Pacomio, 334ss.
San Pedro, 59ss.
San Policarpo de Esmirna, 90 110.
San Simón Zelotes, 68.
San Sixto, 93.
San Tarsicio, 93.
San Vicente (mártir), 84.
Santiago de Compostela, 71ss.
Santiago el Mayor, 71ss.
Santiago el Menor, 21 37 67.
Santiago (hermano del Señor), 37

50.
Santo Tomás, 68.
Santos Justo y Pastor, 84.
Saulo, 47.
Semipelagianismo, 255-256.
Séneca, 38 52.
Septimio Severo, 91.
Sepulcro de Santiago en Composte-

la, 76.

Sergio Paulo, 47.
Servicio militar, 160ss.
Sevilla, 49.
Signos de los tiempos, 6.
Silas, 50-51.
Simón Mago, 42.
Sinforosa, 90.
Sócrates, 13.
Sol Invicto, 191.
Sozomeno, 13.
Sucesión Apostólica, 121-122.
Suetonio, 22.

Taciano, 206.
Tácito, 22 90.
Tajón, 74.
Tarragona, 79.
Tarso de Cilicia, 45.
Teodomiro, 76.
Teodoreto de Ciro, 13 73 79.
Tertuliano, 62 64 65 82.
Tetrarquía, 94.
Tiberio, 22.
Timoteo, 69.
Tito, 69.
Trajano, 22 90.
Tréveris, 68.
Triple Jerarquía, 121.
Tróade, 52.
Trofeo de Gayo, 62.
Tumba de San Pedro, 61ss.

Valentín, 206.
Valeriano, 84 93.
Varones Apostólicos, 79ss.
Vesubio, 66.

Wells, G. A., 20.

Zaragoza, 72.

Page 372

354 índice onomástico

Monarquianismo, 209.
Montañismo, 207.
Muratori, 64.

Ñapóles, 66.
Necrópolis vaticana, 62.
Nerón, 61 88 90.
Nerva, 90.
Nicanor, 41.
Nicéforo Calixto, 68.
Nicolaísmo, 204.
Nicolás, 41.
Nicomedia, 95.
Novaciano, 110 212 308.
Novato, 110.
Nueva Roma, 133.

Obras de misericordia, 168.
Optato de Milevi, 237.
Oración, 153-155.
Oración comunitaria, 39.
Orígenes, 26 67 93 258 305-306.
Orosio, 13 74.

Pablo de Samosata, 132.
Pafos, 47.
Panfilia, 57.
Papa, 129.
Papias, 61.
Pármenas, 41.
Parusia, 8.
Pascual II, 62.
Palmos, 64.
Patrás, 69.
Patriarcados, 127.
Paz Romana, 11 27 86.
Pecados mortales, 144.
Pelagianismo, 254.
Pella, 51 193 203.
Penitencia, 144.
Penitencia privada, 146ss.
Penitencia pública, 146ss.
Pentecostés, 8 32-34.
Perpetua, 91.
Persia, 67.
Pilar (Ntra. Sra. del), 72.
Pío XII, 62 63.

Pisidia, 47.
Plinio el Joven, 22 90 99,
Polícrates de Éfeso, 131.
Pompeya, 66.
Porto, 57.
Pozzuoli, 66.
Primado de Pedro, 29-30 12»
Priscilianismo, 256-257.
Proclo, 62.
Prócoro, 41.
Propaganda Fide, 57.
Prosélitos, 48.
Próspero de Aquitania, 13.
Prudencio, 27 74 87 315.
Pseudo Dionisio, 52.
Pueblos bárbaros, 57.

Rebautizar a los herejes, 126
Religiones mistéricas, 190-19]
Rescripto de Trujano, 99.
Rops, D., 27.
Rufino de Aquileya, 13.

Sabino, 83.
Sacrificios (AT), 40.
Sacromonte (Granada), 80.
Salerno, 67.
Samaría, 40 42 50.
San Agustín, 316 344ss.
San Ambrosio, 315.
San Andrés, 68.
San Atanasio, 79 311-312.
San Bartolomé, 68.
San Basilio, 338ss.
San Braulio, 74.
San Celedonio, 84.
San Cipriano, 83 84 307-308.
San Cirilo de Jerusalén, 57 79 313
San Clemente Romano, 60.
San Cucufate de Barcelona, 84,
San Emeterio, 84.
San Epifanio, 79 258 313.
San Felipe, 68.
San Félix de Gerona, 84.
San Fructuoso, 84.
San Gregorio Magno, 57.
San Gregorio Nacianceno, 312.

índice onomástico 355

San Gregorio de Nisa, 312.
San Hilario de Poitiers, 314.
San Ignacio de Antioquía, 60 90.
San Ildefonso de Toledo, 74.
San Ireneo de Lyón, 61 64 82 122

303.
San Isidoro de Sevilla, 13 73-74.
San Jerónimo, 49 60 65 79 315.
San Juan, 64-65.
San Juan Crisóstomo, 79 310-311.
San Judas Tadeo, 68.
San Julián, 74.
San Justino, 89 91 141.
San Lorenzo, 93.
San Marcelo de León, 84.
San Marcos, 39 69.
San Martín de Braga, 74.
San Mateo, 67.
San Matías, 29 68.
San Metodio, 57.
San Pablo, 45 53 60 63.
San Pacomio, 334ss.
San Pedro, 59ss.
San Policarpo de Esmirna, 90 110.
San Simón Zelotes, 68.
San Sixto, 93.
San Tarsicio, 93.
San Vicente (mártir), 84.
Santiago de Compostela, 71ss.
Santiago el Mayor, 71ss.
Santiago el Menor, 21 37 67.
Santiago (hermano del Señor), 37

50.
Santo Tomás, 68.
Santos Justo y Pastor, 84.
Saulo, 47.
Semipelagianismo, 255-256.
Séneca, 38 52.
Septimio Severo, 91.
Sepulcro de Santiago en Composte-

la, 76.

Sergio Paulo, 47.
Servicio militar, 160ss.
Sevilla, 49.
Signos de los tiempos, 6.
Silas, 50-51.
Simón Mago, 42.
Sinforosa, 90.
Sócrates, 13.
Sol Invicto, 191.
Sozomeno, 13.
Sucesión Apostólica, 121-122.
Suetonio, 22.

Taciano, 206.
Tácito, 22 90.
Tajón, 74.
Tarragona, 79.
Tarso de Cilicia, 45.
Teodomiro, 76.
Teodoreto de Ciro, 13 73 79.
Tertuliano, 62 64 65 82.
Tetrarquía, 94.
Tiberio, 22.
Timoteo, 69.
Tito, 69.
Trajano, 22 90.
Tréveris, 68.
Triple Jerarquía, 121.
Tróade, 52.
Trofeo de Gayo, 62.
Tumba de San Pedro, 61ss.

Valentín, 206.
Valeriano, 84 93.
Varones Apostólicos, 79ss.
Vesubio, 66.

Wells, G. A., 20.

Zaragoza, 72.

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