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Necesario es que solamente las personas que han recibido la debida preparación y que se preocupan de
poner al día sus conocimientos mediante este manual u otros programas, ejerzan el ministerio de la comunión a
los enfermos. Además de una sería y perseverante espiritualidad eucarística; pues de lo contrario no sería posible
ejercer tan alto ministerio. También se ha pedido en nuestra Diócesis que el MEC pertenezca al equipo de
liturgia para el personal y común acompañamiento y crecimiento espiritual.

También se ha de tener en cuenta que todos las personas que deseen ofrecer el servicio como
ministros de la comunión a los enfermos deben ser comisionados oficialmente por la Diócesis, a través del
párroco. De esta manera se aseguran de recibir el reconocimiento oficial de la Arquidiócesis, lo mismo que de
ser delegados a ejercer el ministerio una vez que han cumplido con la debida preparación.

Por ser la Eucaristía el sacramento de la presencia de Cristo que se nos da porque nos ama, el MEC ha de
ser testigo fervoroso de la presencia de Cristo en la Eucaristía; de forma que la Eucaristía modele su vida, la vida
de la familia que forman; que oriente todas sus opciones de vida. Que la Eucaristía, presencia viva y real del
amor trinitario de Dios, les inspire ideales de solidaridad y los haga vivir en comunión con sus hermanos más
necesitados.

INTRODUCCIÓN

La educación continua es muy esencial y recomendable para el ministro de la comunión a los enfermos a
través de programas, talleres y oportunidades de crecimiento, reflexión y profundización sobre los aspectos
relacionados a la práctica de este noble ministerio.

Necesario es que solamente las personas que han recibido la debida preparación y que se preocupan de
poner al día sus conocimientos mediante este manual u otros programas, ejerzan el ministerio de la comunión a
los enfermos. Además de una sería y perseverante espiritualidad eucarística; pues de lo contrario no sería posible
ejercer tan alto ministerio. También se ha pedido en nuestra Diócesis que el MEC pertenezca al equipo de
liturgia para el personal y común acompañamiento y crecimiento espiritual.

También se ha de tener en cuenta que todos las personas que deseen ofrecer el servicio como
ministros de la comunión a los enfermos deben ser comisionados oficialmente por la Diócesis, a través del
párroco. De esta manera se aseguran de recibir el reconocimiento oficial de la Arquidiócesis, lo mismo que de
ser delegados a ejercer el ministerio una vez que han cumplido con la debida preparación.

La Instrucción sobre algunas cuestiones acerca de la colaboración de los fieles Laicos en el Sagrado
Ministerio de los Sacerdote, en el Artículo 13, que habla sobre necesaria selección y adecuada formación, en el
contexto de esta introducción a este manual de formación de los MEC, expresa que “Es deber de la Autoridad
competente, cuando se diera la objetiva necesidad de una “suplencia”, en los casos anteriormente detallados, de
procurar que la persona sea de sana doctrina y ejemplar conducta de vida. No pueden, por tanto, ser admitidos al
ejercicio de estas tareas aquellos católicos que no llevan una vida digna, no gozan de buena fama, o se
encuentran en situaciones familiares no coherentes con la enseñanza moral de la Iglesia. Además, la persona
debe poseer la formación debida para el adecuado cumplimiento de las funciones que se le confían.

A norma del derecho particular perfeccionen sus conocimientos frecuentando, por cuanto sea posible,
cursos de formación que la Autoridad competente organizará en el ámbito de la Iglesia particular, en ambientes
diferentes de los seminarios, que son reservados sólo a los candidatos al sacerdocio, teniendo gran cuidado que

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invita a toda la Iglesia local, o una Iglesia local invita a otras Iglesias de la región o de la nación, o aun de todo
el mundo, para que todos juntos reconozcan más plenamente el misterio de la Eucaristía bajo algún aspecto
particular y lo veneren públicamente con el vínculo de la caridad y de la unión.

Conviene que tales Congresos sean verdadero signo de fe y caridad por la plena participación de la Iglesia
local y por la significativa aportación de las otras Iglesias.

110. Háganse los oportunos estudios, ya en la Iglesia local ya en las otras Iglesias, sobre el lugar, temario y
el programa de actos del Congreso que se vaya a celebrar, para que se consideren las verdaderas necesidades y
se favorezca el progreso de los estudios teológicos y el bien de la Iglesia local. Para este trabajo de investigación
búsquese el asesoramiento de los teólogos, escrituristas, liturgistas y pastoralistas, sin olvidar a los versados en
las ciencias humanas.

111. Para preparar un Congreso se ha de hacer sobre todo:

a) Una catequesis más profunda y acomodada a la cultura de los diversos grupos humanos acerca de la
Eucaristía, principalmente en cuanto constituye el misterio de Cristo viviente y operante en la Iglesia.

b) Una participación más activa en la sagrada liturgia, que fomente al mismo tiempo la escucha religiosa
de la palabra de Dios y el sentido fraterno de la comunidad.40

c) Una investigación de las ayudas y la puesta en marcha de obras sociales para la promoción humana y
para la comunicación cristiana de bienes incluso temporales, a ejemplo de la primitiva comunidad cristiana,41
para que el fermento evangélico se difunda desde la mesa eucarística por todo el orbe como fuerza de
edificación de la sociedad actual y prenda de la futura.42

112. Criterios para organizar la celebración de un Congreso eucarístico:43

a) La celebración de la Eucaristía sea verdaderamente el Centro y la culminación a la que se dirijan todos
los actos y los diversos ejercicios de piedad.

b) Las celebraciones de la palabra de Dios, las sesiones catequéticas y otras reuniones públicas tiendan
sobre todo a que el tema propuesto se investigue con mayor profundidad, y se propongan con mayor claridad los
aspectos prácticos a fin de llevarlos a efecto.

c) Concédase la oportunidad de tener ya las oraciones comunes, ya la adoración prolongada, ante el
Santísimo Sacramento expuesto, en determinadas iglesias que se juzguen más a propósito para este ejercicio de
piedad.

d) En cuanto a organizar una procesión, en que se traslade al Santísimo Sacramento con himnos y preces
públicas por las calles de la ciudad, guárdense las normas para las procesiones eucarísticas, mirando a las
condiciones sociales y religiosas del lugar (cf. núms. 101- 104).

1 Concilio Vaticana II, Decreto Presbyterarum ordinis, sobre el ministerio y vida de los presbíteros, núm. 5.

2 Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, núm. 3, e: AAS 59 (1967), p. 542.

3 Ibid., núm. 3, b: 1. c. p. 541; PABLO VI, Encíclica Mysterium fidei, prope finem: AAS 57 (1965), p. 771.

4 Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium núm. 3, f: AAS 59 (1967), p. 543.

5 Cf. ibid., núm. 3, g: 1. c., p. 543.

6 Cf. ibid., núm. 49: 1. c., pp. 566- 567.

7 PABLO VI, Encíclica Mysterium fidei: AAS 57 (1965), p. 764; cf. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum

mysterium, núm. 9: AAS 59 (1967), p. 547.

8 Cf. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, núm. 55: AAS 59 (1967), pp. 568- 569.

9 Cf. Ordenación general del Misal Romana, núms. 285 y 292.

42

http://multimedios.org/docs/d000739/#fnb_0-p9%23fnb_0-p9
http://multimedios.org/docs/d000739/#fnb_0-p8%23fnb_0-p8
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http://multimedios.org/docs/d000739/#fnb_0-p6%23fnb_0-p6
http://multimedios.org/docs/d000739/#fnb_0-p5%23fnb_0-p5
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http://multimedios.org/docs/d000739/#fnb_0-p3%23fnb_0-p3
http://multimedios.org/docs/d000739/#fnb_0-p3%23fnb_0-p3
http://multimedios.org/docs/d000739/#fnb_0-p2%23fnb_0-p2
http://multimedios.org/docs/d000739/#fnf_0-p104%23fnf_0-p104
http://multimedios.org/docs/d000739/#fnf_0-p103%23fnf_0-p103
http://multimedios.org/docs/d000739/#fnf_0-p103%23fnf_0-p103
http://multimedios.org/docs/d000739/#fnf_0-p102%23fnf_0-p102

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10 Cf. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, núm. 51: AAS 59 (1967), p. 567; Código de

Derecho Canónico, can. 937.

11 Cf. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, núms. 52- 53: AAS 59 (1967), pp. 567- 568;

Código de Derecho Canónico, can. 938.

12 Cf. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, núm. 57: AAS 59 (1967), p. 569; Código de

Derecho Canónico, can. 940.

13 Núm. 63, b.

14 Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, núm., 55.

15 Cf. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, núm. 33, a: AAS 59 (1967), pp.559- 560.

16 Cf. ibid., núms. 40- 41: 1.c., pp. 562- 563.

17 Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, núm. 3, a: AAS 59 (1967), pp. 541- 542.

18 Cf. Missale Romanum, edic. típica 1979: Misa vespertina de la Cena del Señor, p. 243; Celebración de la Pasión del Señor,

p. 250, núm. 3; Sábado Santo, p. 265.

19 Cf. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, núm. 31: AAS 59 (1967), pp. 557- 558.

20 Cf. PABLO VI, Carta apostólica Ministerio quaedam, de 15 de agosto de 1972, núm. VI: AAS 64 (1972), p. 532.

21 Cf. Sagrada Congregación de la Disciplina de los Sacramentos, Instrucción Immensae caritatis, de 29 de enero de 1973, 1, I y

II: AAS 65 (1973), pp. 265- 266.

22 Cf. Ordenación general del Misal Romano, núm. 269.

23 Cf. Sagrada Congregación para el Culto divino, Instrucción Memoriale Domini, de 29 de mayo de 1969: AAS 61 (1969), pp.

541- 545.

24

Cf. Sagrada Congregación de la Disciplina de los Sacramentos, Instrucción Immensae caritatis, de 29 de enero de 1973, núm. 4:

AAS 65 (1973), p. 270.

25 Cf. Ordenación general del Misal Romano, núm. 242; Sagrada Congregación para el Culto Divino, Instrucción Sacramentali

Communione, núm. 6, de 29 de junio de 1970: AAS 62 (1970), pp. 665- 666.

26 Cf. Concilio Tridentino, Sesión XIII, Decretum de Eucharistia, 7: OS 1646- 1647; ibid, Sesión XIV, Cananas de sacramenta

Paenitentiae, 9: OS 1709; Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Normae pastorales circa absolutionem sacramentalem

generali modo impertiendam, de 16 de junio de 1972, proemio y núm. VI: AAS 64 (1972), pp, 510 y 512.

27 Cf. Sagrada Congregación de Ritos, instrucción Eucharisticum mysterium, núm. 35: AAS 59 (1967), p. 569.

28 Cf. Sagrada Congregación de la Disciplina de los Sacramentos, Instrucción Immensae caritatis de 29 de enero de 1973, núm.

3: AAS 65 (1973), p. 269.

29 Cf. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, núm. 38: AAS 59 (1967), p. 562.

30 Cf. ibid, núm., 58: 1. c. p. 569.

31 Cf. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, núm. 50: AAS 59 (1967), p. 567.

32 Cf. ibid., núm. 13: 1.c., p. 549.

33 Cf. ibid., núm. 60: 1.c., p. 570.

34 Cf. ibid, núm. 61: 1. c., pp. 570- 571.

35 Cf. ibid,, núm. 63: 1. c., p. 571.

36 Cf. ibid,, núm., 64: 1. c., p. 572.

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