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diez trucos

para

escritores
noveles

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Primer truco:
consejos para empezar

Antes de empezar a escribir debes tener claros los aspectos fundamentales de

la historia. A continuación te indicamos varias cuestiones que debes plantearte

y resolver, así como algunos consejos básicos para iniciarte en el camino de la

escritura.

— ¿Quién es tu protagonista y qué es lo que quiere?

Recuerda que el deportista que quiere hacer ganar a su equipo el gran partido

o la víctima de accidente de tráfico que quiere sobrevivir no son los únicos

personajes interesantes.

— Cuando comienza la historia, ¿qué acciones moralmente significativas ha
emprendido tu protagonista para lograr su objetivo?

“Moralmente significativas” no quiere decir que el protagonista tenga que

ser convencionalmente “bueno”, sino que él o ella ya debería haber hecho una

elección consciente, con repercusiones que impulsen el resto de la historia.

— ¿Qué consecuencias inesperadas, directamente relacionadas con los
esfuerzos del protagonista por alcanzar su objetivo, incrementan la energía
emocional de la historia?

Ten presente que las consecuencias inesperadas obligarán a tu protagonista a

hacer una nueva elección, lo que a su vez dará lugar a nuevas consecuencias.

— ¿Qué detalles del escenario, de los diálogos y del tono ayudan realmente a
contar la historia?

No vaciles en cortar cosas superfluas, como el personaje A diciéndole al

personaje B algo que ya ha sido narrado previamente, o escenas que describen

viajes y desplazamientos.

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Quinto truco:
escribe diálogos con significado

Vamos a ver a continuación cómo construir diálogos plenos de significado, que

aporten al desarrollo de la narración y que sean expresión propia de nuestros

personajes.

El diálogo es lo que los personajes se dicen unos a otros (o a sí mismos).

Cada parlamento de un personaje ocupa su propio párrafo y en él se incluye no

solo aquello que el personaje dice, sino también todo lo que el narrador desea

explicar sobre lo que el personaje hace al hablar. Hay que tener presente que,

para evitar confundir al lector, se deben marcar claramente las acotaciones del

narrador, distinguiéndolas de las intervenciones del personaje.

En español lo correcto es usar para ello el guion largo (—). Puedes insertar de

manera sencilla este signo si pulsas al tiempo las teclas Control y Alt, junto con

el signo menos del bloque numérico de tu teclado.

El objetivo es conseguir que los lectores oigan las pausas entre las frases, que

vean al personaje inclinarse hacia adelante, juguetear con sus cutículas, evitar

los ojos de su interlocutor o descruzar las piernas.

Veámoslo como siempre con algunos ejemplos:

¿Dónde vas?, preguntó Juan nervioso. De compras, contestó María

mientras iba hacia la puerta. Otra vez no. Se plantó ante ella para cortarle

el paso. Has agotado el crédito de la tarjeta.

El párrafo anterior es confuso porque no presenta un discurso claro.

Es difícil distinguir cuándo interviene cada uno de los personajes y cuándo lo

hace el narrador.

—¿Dónde vas? —preguntó Juan nervioso.

—De compras —contestó María mientras iba hacia la puerta.

—Otra vez no —se plantó ante ella para cortarle el paso—. Has agotado el

crédito de la tarjeta.

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El segundo ejemplo es gráficamente correcto, ya que utiliza un párrafo

aparte para presentar cada parlamento de cada personaje según avanza la

conversación. Sin embargo, el material narrativo intercalado entre las citas

directas es, como explicaremos a continuación, casi del todo inútil.

“Juan preguntó nervioso” es una acotación narrativa explícita. El autor podría

escribir “preguntó Juan muy nervioso” o  incluso “preguntó Juan, tan nervioso

que su voz temblaba”, pero eso no hará la historia más sutil. ¿Cómo puede el

autor transmitir el estado de ánimo de Juan, sin decirlo al lector directamente?

Por inferencia. Es decir, mencionando un detalle que evoque en la mente del

lector la imagen de una persona nerviosa.

Por ejemplo:

—¿D-dónde vas? —Juan se levantó.

—¿Dónde vas? —balbuceó Juan mirando sus zapatos.

Tras una espiración profunda, Juan se atrevió.

—¿Dónde vas?

Pero no:

Juan se levantó de la silla en la que estaba y respiró hondo. Sabía que su

enfrentamiento con María debía ser en ese momento o nunca tendría lugar.

—¿Dónde vas? —tartamudeó nerviosamente, mirando sus zapatos.

La mesura es la clave. Con un simple detalle el lector comprenderá lo que el

escritor busca decir. Ser demasiado prolijo en las explicaciones es tan poco

recomendable como ser demasiado explícito. El lector es el encargado de

completar la obra, si el autor explica todo de forma demasiado pormenorizada

no está dejando lugar a que el lector imagine y recree aquello que se narra con

libertad y usando su imaginación, lo que puede hacer que pierda el interés en tu

historia.

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10 trucos para escritores noveles

• Imagen simbólica. Como en el caso de la imagen literal, se trata de cerrar

la historia con una descripción, pero en este caso esta debe ser alegórica,

representando de manera simbólica el sentido del final.

Cada historia pide un tipo de final. Lo aconsejable es valorar cuál es la manera de

plantear el desenlace que resulta más apropiada para tu narración.

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Esperamos que estas siete correcciones te hayan resultado útiles y te hayan

abierto las ganas de escribir.

Seguro que ahora estás deseando ponerte manos a la obra, por eso te

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