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LA KATOCHÉ EN LOS CULTOS EGIPCIOS*
CLEL1A MARTÍNEZ MAZA

Universidad de Málaga

RESUMEN

La katoché aparece como una forma muy peculiar de servidumbre divina vinculada
al culto serapeico. En las siguientes páginas se exponen y discuten las distintas interpre-
taciones ofrecidas al término. Asimismo se analizan la función y grado de dependencia de
los individuos que la practican para concluir que, independientemente de su acepción
original (posesión = pertenencia), el término debe de ser interpretado como reflejo en el
lenguaje religioso del período helenístico de las nuevas relaciones entre el devoto y el
dios.

ABSTRACT

The katochos is described as a serapeic servant, but the real meaning of this kind of
servitude and its function remain unclear. In this paper, I expose the different hypotheses
proposed to conclude that this word has to be seen as a token in the religious terminology
of the new relationships between deity and worshipper in the hellenistic world.

El personal de los cultos egipcios estaba integrado por un nutrido
grupo de servidores y rangos cultuales entre los que no sólo se encon-
traban los sacerdotes, sino individuos que desempeñaban ciertas activi-
dades vinculadas en mayor o menor grado a la liturgia cotidiana y resi-
dían por este motivo en las proximidades de los recintos sacros que
adquirían una fisonomía más compleja que el simple recinto religioso' .
Entre estos grupos destaca por su singularidad los katochoi. Las breves
y dispersas referencias a esta institución, tanto fuera como dentro de
Egipto, han permitido formular con mayor o menor acierto, distintas
hipótesis acerca de su significado religioso.

El conjunto más abundante de documentos que mencionan a indi-
viduos katochoi es el constituido por sesenta fragmentos de papiros que

* Este trabajo se inscribe en el proyecto de investigación financiado por la DGICYT,
«Ideología y cambio religioso en el Mediterráneo antiguo» (PB 97437).

'Recogidos por Maspero, « Un manuel de hiérarchie egyptienne», Etudes égyptiennes,
II, 1888, 11 y 64; E Cumont, L'Égypte des astrologues, Bruselas, 1937, 144; F. Dunand, Le
culte d'Isis dans le bassin oriental de la Méditerranée., EPRO, 26, Leiden, 1973, II, 162-189.

ARYS, 3, 2000, 163 - 175

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pertenecen a uno de los templos serapeicos más visitado en Egipto: el
serapeo de Menfis. La popularidad de este santuario entre la población
helena queda reflejada en la gran afluencia de feligreses griegos y en la
visita del rey más helenizado de la dinastía lágida: Filometor'. El Serapeo
menfita al que pertenecen los katochoi era distinto del Serapeo de tradi-
ción egipcia (ubicado en el centro urbano y destinado a lugar de ente

-rramiento de los bueyes sagrados)' . Se trataba de un gran complejo
cultual enclavado en el desierto que incluía recintos reservados a otras
divinidades 4 . Allí vivió bajo el reinado de Filometor, Ptolomeo, un
macedonio, hijo de Glaucías, que en el momento en el que se data su
correspondencia, llevaba diez años como katvchos 5 . En el conjunto epis-
tolar vinculado a su persona, aparece como el tutor de dos hermanas
gemelas, Thaues y Taous, que para sobrevivir han entrado al servicio
del templo donde el intendente les retiene indebidamente las raciones
que les corresponden" . Para enmendar esta situación, Ptolomeo formu-
la una reclamación al administrador del templo y en su calidad de
macedonio, y por lo tanto vinculado con los grupos dirigentes, eleva
asimismo sus quejas al rey. Ptolomeo además debe atender, entre otras
cuestiones de carácter privado, un litigio que hace peligrar la propiedad
de una casa que poseen él y su hermano Apoloios.

Otras referencias más concisas recogen el nombre de individuos que
practicaron una katoché más breve en el santuario menfita: Dioniso,
Harmais, Nephoris, Hefaesteion, Konon, etc. Y nombres de otros
katochoi han quedado recogidos en grafitos de Mnemonion de Abidos
como los de Oueristimos y Demetrio 7 .

Fuera del territorio egipcio únicamente se conservan tres referen-
cias. Una inscripción de Priene datada en el 200 a.C. en donde aparece
un katochós a Serapis8 . La segunda inscripción procede de Esmirna9 y

2 La presencia real en Menfis era además un acto obligado por la disociación existen-
te en esta época entre la capital política, Alejandría, y el centro religioso, Menfis, y bene-
ficioso, pues permitía exhibir la continuidad de la monarquía lágida y la tradición faraónica.
De este modo, se remarcaba el carácter sacro de la monarquía lágida y la nueva estructu-
ra política obtenía de este modo un sólido sustento. El templo recibió no sólo la visita real
(UPZ= U. Wilcken, Urkunden der Ptolemarzeit, Berlin-Leipzig, I, 14, 15, 106-109), sino
también de altos dignatarios de la corte lágida (UPZ, I, 24.4, 52.4, 53.4 recoge la visita del
hypodioicetes encargado de las finanzas; UPZ 1 15.31; 16.20 del strategos; UPZ I, 59, 60,
72, 109.3-4 de soldados).

3 A. Mariette, Le Sérapéum de Memphis, París, 1857, 46; T.A. Brady, The Reception of
the Egyptian Cults by the Greeks (330-30 B.C.), Missouri, 1935, 27.

° Entre otras divinidades que allí recibían culto en distintos recintos se encuentran
Isis, Horus, Astarté, Sekhrner, Thot, Amón, Asclepios. M. Guilmot, «Le Sarapeion de
Memphis. Etude topographique», Chronique d'Egypte, 37, 1962, 359.

5 C. Leemans, Papyri graeci musei antiquari publici Lugduni-batavi, Leiden, 1848, 10-
13.

6 F.G. Kenyon, Catalogue of Greek Papyri in the British Museum, Londres, 1893, I, 33.
7 P. Perdrizet, G. Lefebvre, Les graffites grecs du Memnonion d'Abydos, París, 1919, 17.
B H. von Grtringen, Inschriften von Priene, n° 195.
9 CIG 3163.

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sistencia pues la situación económica de los katochoi no parece ser uni-
forme. Ptolomeo parece disfrutar de una posición económica desaho-
gada. Sin embargo HamaIs vive de las limosnas22 aunque desconoce-
mos si este ingreso económico es el resultado de unos sueños puestos al
servicio del devoto. De hecho Ptolomeo, el único individuo del que co-
nocemos incubationes sólo las experimenta en su propio beneficio23 .
Por lo tanto, no creo oportuno definir la limosna como un rasgo carac-
terístico de la katoché. Otra cosa es que los katochoi como individuos
con situaciones económicas muy variadas, buscaran medios de vida al-
ternativos. En mi opinión, los motivos de la reclusión de los katochoi
debieron ser bien diferentes a necesidades puramente monetarias y se-
rían fundamentalmente razones de carácter religioso tal y como expon-
go a continuación.

En mi opinión si existe un rasgo distintivo de los katochoi no es la
inspiración sino fundamentalmente la reclusión voluntaria. Los reclui-
dos no pueden rebasar los límites sagrados del templo, es decir ni el
recinto sagrado ni sus propiedades24 . A tenor de los datos expuestos
creo que ésta sería la hipótesis más sólida porque explica un mayor
número de rasgos de manera más satisfactoria, más sencilla y más acorde
con el estado actual del conocimiento sobre los misterios egipcios en
general y sobre el culto serapeico en particular. La katoché fue definida
ya como reclusión voluntaria a principios de siglo25 . Ahora bien este
término se definió como un nexo religioso tangible que convertía a los
recluidos en posesiones divinas, en esclavos, y este nexo los obligaba a
permanecer recluidos en el templo, bien hasta su muerte, bien hasta
que su dios los dejara libres. Se trataría de una especie de hierodulía
voluntaria. En mi opinión, una interpretación tan estricta no parece la
más adecuada pues los katochoi conocidos no se comportan como es-
clavos del templo y no rompen de manera completa sus vínculos con el
mundo exterior tal y como demuestra la abundante correspondencia
del katochós Ptolomeo 26 . Tampoco parece que desempeñen las labores
propias de los esclavos divinos 27 . De nuevo es paradigmático el ejemplo

22 UPZ, 5.22.
23 Leemans, Papyri..., 1 17-121.
'' Así queda recogido en la literatura astrológica: H. 90, 7: quiet vincula et detentiones

sustinent vel sacris locis detinentur; 26, 33: detinentur insulis vel in locis inhabitabilibus vel
insistunt in sacris locis ant in exercitu= Val., 210,2. Rhet.147,15; 165,3; PTOL.163,2.

- 5 Seguido por S.T. Witkowski, Epistulae Privatae graecae, Leipzig, 1906, 72; A. Rusch,
De Serapide et Iside in Graeciis cultis, Berlín, 1906, 72; Bouche-Leclercq, «Les reclus...»,
19; ídem, Histoire des Lagides, París, 1907, 334-335; W. Reitzenstein, Die hellenistichen
Mysterienreligionein ihre Grundgedaken and Wirkungen, Berlín, 1910, 71.

26 Harmis también atiende a sus propios asuntos.
27 Recogidas por FIRM. err., II, 325, 25; qui sacro rum ofciis deputenturant hieroduli;

351, 1: hieroduli servi templorum, in sacrorurn cerimoniis hymnos dicentes. Esclavos con-
sagrados a Isis y Serapis aparecen en santuarios de Orcómenos, Corone y Queronea,

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de Ptolomeo quien lejos de encargarse de tareas poco cualificadas re-
servadas a los hierodulos, aparece como consejero y tutor de dos muje-
res adscritas al culto serapeico. Su rango cultual por - lo tanto, no podía
ser inferior al de las gemelas cuya defensa asume.

En mi opinión, los lazos de pertenencia que subordinan al indivi-
duo respecto al dios y que se plasman en una reclusión física en el re-
cinto sagrado resultan más comprensibles aún si atendemos no tanto a
una dependencia legal como una esclavitud imaginaria. La sumisión
sería concebida por el devoto como pago por el apoyo divino con el que
ha logrado la salvación personal ante cualquier situación conflictiva. Y
así, en el 168 a.C. numerosos soldados que regresaban al alto Egipto
después de haber sido movilizados para atacar a Antíoco IV (ataque que
finalmente no se produjo), pararon en Menfis para agradecer a Serapis
que les hubiera salvado de los peligros de la batalla. Algunos de estos
soldados, llegaron a ser katochoi en el serapeo por un breve período de
tiempo y uno de ellos, Hephaestion, a pesar de haber obtenido del dios
la libertad y de la insistencia de su hermano y esposa para que regresara
de vuelta a casa, no se decidía a dejar el servicio divino- 8 .

A mi juicio, la asistencia proporcionada por Serapis a sus devotos
en situaciones conflictivas explica esta servidumbre pero esta expre-
sión devota no sólo se percibe en tales ocasiones. Esta relación entre el
devoto y su dios caracterizada por la servitudo del katochós, ilustra como
señalaré más adelante el nuevo lenguaje que preside las relaciones en-
tre el devoto y la divinidad en este caso mistérica29 . Ejemplos de esta
sumisión son frecuentes en el culto isíaco donde el devoto emplea deno-
minaciones como latris, latreutes, therapon, doulos, etc. 30 En el caso de
la katoché la capacidad sotérica del dios exige del devoto que desea reci-
bir sus beneficios, el cumplimiento sumiso y humilde de las condicio-
nes impuestas por la divinidad durante un tiempo que él no puede con-
trolar. Por este motivo, la reclusión no es rígida y por ello también son

Dunand, Le culte d'Isis..., II, 30-35. Sobre la hierodulía: W. Otto, Beitrage zur Hierodulie im
Hellenistischen Aegypten, München, 1950. Sin embargo, los therapontes del serapeo menfita
sí parecen desempeñar tareas propias del personal de servicio: Mariette, Le Sérapéum...,
376.

2R UPZ, 59.6-23; Kenyon, 42.
29 Ejemplos de esta novedosa actitud han aparecido en en Egipto como la dedicación

descubierta en el templo isíaco de Medinet-Madi donde Herodes Dioniso se declara
hierodulo de la «señora» Isis: Vogliano, Primo rapporlo degli scavi di Mádinet-Madi, Milán,
1936, 56. En el Memnonion de Abidos un visitante se autodenomina esclavo de la real
diosa Isis: Perdrizet, Lefebvre, Les graffites grecs..., 58. Posteriormente y en la parte occi-
dental del imperio, algunas devotas isíacas han dejado constancia en sus epitafios de su
condición de famulae.

j0 L. Vidman, Sylloge Inscriptionum religionis Isiacae et Sarapiacae, 1969, n° 42; L.
Robert, Hellenica, IV, 55-57; L. Moretti, IGUR, n° 1191.

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no la posesión el elemento fundamental de la katoché y el encierro vo-
luntario no aparece como rasgo propio de los thiasoi báquicos. Además
la presencia de figuras báquicas queda plenamente justificada por las
abundantes analogías entre el ciclo osiríaco y el de Dioniso" y la inte-
gración en el complejo menfita de santuarios dedicados a distintas
divinidades.

En segundo lugar, la conexión de la katoché con la religiosidad
helenística se percibe en el origen griego o filoheleno de sus practican-
tes. El culto a Serapis fue especialmente popular entre la población griega
y nombres griegos llevan la mayor parte de los katochoi conocidos45 e
incluso Ptolomeo es mencionado como macedonio y como tal padece
ocasionales ataques por parte de la población menfita no griega46 . No
obstante el tipo de dependencia imaginaria que implica el término
katochós no sólo aparece en el culto serapeico, sino que se detecta fre-
cuentemente en el conjunto de manifestaciones religiosas que se cono-
ce bajo el término genérico de religiosidad grecohelenística47 y no ca-
sualmente en un entorno caracterizado por la preeminencia de la mo-
narquía como modelo político.

En efecto, en el vocabulario religioso de este período se detecta un
cambio por el que el individuo aparece como fiel sirviente de su dios.
Este nuevo lenguaje refleja una respuesta ideológica adecuada al mode-
lo político más difundido en época helenística caracterizado por la con-
solidación de las grandes monarquías. Y así si, el dios es invocado con
calificativos que aluden a su omnipotencia y su poder autocrático (es
un dios pantocrátor, déspota, tirano) el devoto asume en esa relación la
actitud de un súbdito fiel (que se autodenomina latris, therapon, ypourgos,
doulos...) que cumple con su dios con proskinemas como los ofrecidos
por los katochoi de Abidos48 . La dependencia imaginaria que subyace
en este conjunto semántico responde a la potencialidad sotérica que el
devoto percibe en sus dioses pues el cultor sabe que su dios se deja
convencer por una plegaria sentida en la que reconozca su omnipoten-
cia divina, su capacidad de doblegar el destino.

44 D.J. Thompson, Memphis under the Ptolemies, Princeton, 1988, 116.
45 Katochoi en el serapeo menfita fueron además de Ptolomeo, Apollonios, Hephaestion

o Konon, en el santuario de Abidos Demetrio.
°ó UP7, 7; T.A. Brady, The reception..., 27.

Un análisis pormenorizado de dicho vocabulario puede encontrarse en Pleket,
«Religious History...», 152-192, donde, sin embargo, no se incluye el término katochós
como ilustración de esa servidumbre imaginaria.

'e Sobre la percepción del dios como buen gobernante, F. Van Straten, «Images of
Gods and Men in a Changing Society: Self-identity in Hellenistic Religion», Images and
Ideologies Self-Definition iri the Hellenistic World, Berkeley-Los Ángeles-Londres, 1993,
AA.VV. edd., 259.

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Esta capacidad sotérica se percibe con toda su plenitud para los
cultos egipcios en el proceso de misterización que experimentan éstos y
cuyo rastro se detecta a partir de época helenística. La adquisición de
rasgos mistéricos no resulta extraña si consideramos que el principal
modelo de esa helenización de los cultos egipcios fue el culto eleusino.
Serapis se convierte de este modo en el modelo helenizado de la realeza
egipcia que revalida la monarquía como forma de expresión política y
contribuye a reforzar una percepción soteriológica del poder personal.
Y así, al mismo tiempo que se difunde la imagen de un dios gobernante,
calificativos como soter o evergetes son muy frecuentes en la titulatura
real de la corte lágida y enfatizan el papel del monarca como dispensa-
dor de bienes, benefactor y protector de sus súbditos 49 .

Así pues, la relación del katochós y su dios se explica en primer lu-
gar por la capacidad sotérica de Serapis que hace que el devoto se sien-
ta propiedad del dios. Y esa dependencia divina en el imaginario se
plasma físicamente con la reclusión en el recinto serapeico. A mi juicio,
el término katochós cobra un significado más rico si en lugar de consi-
derarlo como un rango más de la jerarquía cultual, aunque sin atribu-
ciones específicas en la liturgia cotidiana, lo observamos desde esa nue-
va dimensión no puesta de relieve hasta ahora: como parte del nuevo
lenguaje que ilustra el proceso de profunda transformación de los sen-
timientos religiosos que se percibe en el período helenístico.

49 Tal y como ha sido analizado por F.W. Walbank, «Monarchic and monarchic ideas»,
The Cambridge Ancient History, VII. 1 , Cambridge-Londres-N.York-New Rochelle-
Melbourne-Sydney, 2' ed., 1984, 82.

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