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TagsKnowledge Empiricism Immanuel Kant Dogma Noumenon
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©MELC S.A.

Tema 13

Educación Secundaria

FILOSOFÍA





1. EL CONOCIMIENTO HUMANO


1.1. Fenomenología del conocimiento.
1.2.

1.1.1. Representación y problemas del conocimiento

1.1.2. Significado de “aprehender”

1.1.3. Naturaleza de lo “aprehendido”

1.1.4. Influencias en la representación de los objetos



1.3. Posibilidad del conocimiento.
1.4.

1.2.1. El escepticismo

1.2.2. El dogmatismo



1.3. Relación entre escepticismo y dogmatismo



1.4. Fundamento del conocimiento

1.5. Límites del conocimiento



2. EL PROBLEMA DE LO IRRACIONAL


2.1. Precisión conceptual

2.2. Análisis histórico

2.2.1. Lo irracional en la filosofía griega

2.2.2. Lo irracional en la Filosofía Medieval

2.2.3. Lo irracional en Kant

2.2.4. Lo irracional en la Filosofía contemporánea

2.2.4.1. El irracionalismo ontológico

2.2.4.2. El irracionalismo noético



magister

LOS LÍMITES DEL CONOCIMIENTO HUMANO Y EL PROBLEMA D E LO
IRRACIONAL

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FILOSOFÍA. Tema 13 ©MELC S.A. MAGISTER OPOSICIONES

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3. BIBLIOGRAFÍA


4. RESUMEN DEL TEMA 13


5. CUESTIONES



1. EL CONOCIMIENTO HUMANO


Preguntas como: «¿Qué es el conocimiento?», «¿En qué se funda el conocimiento?», «¿Cómo es

posible el conocimiento?», etc., pertenecen a una disciplina filosófica llamada de varios modos:

«teoría del conocimiento», «crítica del conocimiento», «gnoseología», «epistemología». Estas

preguntas, no obstante su generalidad (o quizás a causa de ella), no agotan los problemas que se

suscitan en la teoría del conocimiento. Los problemas del conocimiento han sido tratados por casi

todos los filósofos, pero la importancia que ha adquirido la teoría del conocimiento como

«disciplina filosófica» especial es asunto relativamente reciente. Los griegos introdujeron en la

literatura filosófica, y con un sentido preciso, los términos que nos sirven todavía para designar

nuestra disciplina. Con frecuencia trataron problemas gnoseológicos, pero solieron subordinarlos a

cuestiones luego llamadas «ontológicas». La pregunta: «¿Qué es el conocimiento?» fue a menudo

formulada entre los griegos en estrecha relación con la pregunta: «¿Qué es la realidad?». Algo

parecido sucedió con muchos filósofos medievales. En modo alguno quiere decir esto que los

filósofos aludidos no trataran el problema del conocimiento con detalle: no se puede decir que, por

ejemplo, los escépticos o San Agustín no dedicaran muchos esfuerzos esclarecer la posibilidad (o

imposibilidad) del conocimiento y los tipos de conocimiento. Sin embargo, es plausible sostener

que sólo en la época moderna (con varios autores renacentistas interesados por el método y con

Descartes, Malebranche, Leibniz, Locke, Berkeley, Hume y otros) el problema del conocimiento se

convierte a menudo en problema central -si bien no único- en el pensamiento filosófico. La

constante preocupación de los autores aludidos y citados por el «método» y por la «estructura del

conocimiento» es en este respecto muy reveladora. Pero todavía no se concebía el estudio del

conocimiento como pudiendo dar impulso a una «disciplina filosófica especial». Desde Kant, en

cambio, el problema del conocimiento comenzó a ser objeto de «la teoría del conocimiento». Es

verdad que la filosofía de Kant no puede reducirse, como lo han pretendido algunos neokantianos,

a teoría del conocimiento, pero es indudable que esta teoría ocupa un lugar muy destacado en el

pensamiento de dicho filósofo. Desde Kant, además, se ha manifestado con frecuencia en el

pensamiento filosófico moderno y contemporáneo una cierta «epistemofilia», que contrasta con la

«ontofilia» de los griegos y de muchos autores medievales. En vista de ello, algunos autores han

llegado a la conclusión de que la teoría del conocimiento es la disciplina filosófica más importante.

Otros han estimado que los problemas de teoría del conocimiento, o problemas epistemológicos (o

gnoseológicos), dependen de, o se plantean dentro de, contextos metafísicos, u ontológicos. Otros -

entre los que destaca Nicolai Hartmann- han insistido en que hay una estrecha dependencia mutua

entre la teoría del conocimiento y la metafísica (o la ontología). La cuestión de la relación, o falta

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En una metafísica abierta a la transcendentalidad, como la clásica, en la que se defiende la verdad

como atributo transcendental, que implica la cognoscibilidad de todo lo real, no hay límite de

cognoscibilidad. En esta metafísica, interesan los límites del conocimiento del sujeto. La raíz de

estos límites está en la finitud del sujeto. Esta finitud óntica impone la finitud a todos sus actos.



Hay que decir que todo contenido de conocimiento está esencialmente mediatizado por la

sensibilidad, bien directamente, bien analógicamente. Si algún contenido escapa a esta

mediatización, también escapa al conocimiento humano.



Además, el hombre tiene un conjunto de estructuras condicionantes de su dinamismo cognoscitivo:

los apriori. El hombre sólo conoce lo que es compatible con tales estructuras. Lo que sucede es

que las teorías del apriori no han pasado de su etapa inicial.



Por tanto, podemos concluir que existen unos límites teóricos del conocimiento, pero la

gnoseología no ha precisado aún cuales son.



No es lo mismo hablar de límites que de dificultades del conocimiento. Los límites señalan

fronteras irrebasables. Las dificultades señalan zonas de objetos difícilmente superables. Así,

distinguiendo dos grandes ámbitos de objetos del conocimiento, objetos ideales y objetos reales,

son más fácilmente captables los objetos ideales. En la mayoría de los objetos reales tenemos que

contentarnos con conocer datos, caracteres, pero desconocemos su esencia.



Además, algunos ámbitos de objetos reales están afectados de mayor dificultad. Por ejemplo, lo

espiritual. La razón es la participación de nuestras estructuras materiales en la dinámica del

conocer. Esto es lo que reconocen las teorías que conceden a la experiencia sensible un papel de

primera importancia en el desarrollo del conocer.



2. EL PROBLEMA DE LO IRRACIONAL


En la filosofía moderna se identifica el problema de los límites del conocimiento con el problema

de lo irracional. Lo irracional no sería más que un caso de limitación del conocer humano. Según

Popper, el conflicto entre el racionalismo y el irracionalismo se ha convertido en el problema

intelectual más importante de nuestro tiempo.



2.1. Precisión conceptual


Suele definirse “irracional” como “algo que no es racional”, es decir, como algo que es ajeno a la

razón. Sin embargo, también son no racionales, o ajenas a la razón, cualesquiera «cosas» (entidades

o expresiones) que puedan llamarse «arracionales», «suprarracionales», «infrarracionales» y

«antirracionales». Conviene, por ello, distinguir entre cualesquiera de estas últimas y lo llamado

«irracional».

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Proponemos las siguientes distinciones: Se puede llamar «arracional» a lo que es simplemente

ajeno a la razón; «antirracional», a lo que es contrario a la razón; «suprarracional», a lo que es

superior a la razón o está más allá de la razón, en un plano estimado «superior»; «infrarracional», a

lo que es inferior a la razón en el sentido de hallarse en un plano en el cual no ha entrado todavía la

razón: en el plano de lo «prerracional». Ahora bien, el término irracional puede tomarse en dos

sentidos:



lº. Como nombre común de todas las especies antes mencionadas de «no racionalidad».



2º. Como designando algo «arracional» y, sobre todo, algo «antirracional».



Irracional ha sido usado en estos dos sentidos por muchos autores, entre ellos por varios de los que

mencionamos luego, de suerte que en numerosos casos es difícil saber lo que un autor quiere decir

exactamente con el predicado irracional. En algunos casos, se ha tendido a usar irracional como

sinónimo de antirracional. Ello ha ocurrido especialmente al hablarse de «irracionalismo», que ha

sido equiparado con frecuencia al «antirracionalismo».



Al margen de todas esas precisiones conceptuales, en este tema, llamamos irracional lo que es

inasequible a la inteligencia, bien sea de un modo total, bien sea de un modo parcial. Así

entendida, la irracionalidad puede tener un origen bipolar:



a) la naturaleza del objeto,

b) la incapacidad del entendimiento.


La irracionalidad o falta de relación entre el objeto y el entendimiento, puede tener varias causas:



l. distancia noética, que impida la presencialidad mínima del objeto a la potencia.



2. desproporción entre la facultad y el del objeto a la potencia.



3. la excesiva proximidad entre el objeto y la facultad.



No podemos olvidar que el conocimiento es algo que descansa sobre una estructura relacional, que

exige distinción. Si hay identidad, no existe relación.



Hay algunas filosofías irracionales, en cuanto apoyan toda la racionalidad sobre presupuestos

irracionales. Ejemplo de esto serían a). las filosofías míticas, b). los teologismos extremos, c). el
misticismo y d). el voluntarismo metafísico.

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respecto lo hallamos en la presentación y discusión de las antinomias en la «Dialéctica

trascendental», especialmente en la presentación y discusión de las antinomias tercera y cuarta. En

estas antinomias, las antítesis se refieren al mundo fenoménico; las tesis, al mundo nouménico.



3. ¿Qué posturas se han adoptado a lo largo de la historia de la filosofía sobre el concepto
fenómeno o fenomenismo?.

En general, y visto desde el ángulo de la afirmación de lo en sí o el fenómeno y de la relación entre

ambos, las posiciones adoptadas hasta el presente pueden esquematizarse imperfectamente del

siguiente modo:



1) posición exclusiva de lo en sí (Parménides, formas extremas del panteísmo acosmista);



2) posición exclusiva del fenómeno (fenomenismo radical, negación de toda cualidad primaria:

ser es ser percibido);



3) lo en sí y el fenómeno existen separadamente y entre ellos no hay sino la nada (Parménides

desde el momento en que formula la doctrina de la opinión, algunas dírecciones del

platonismo);



4) lo en sí y el fenómeno están unidos por el demiurgo o por una divinidad (platonismo,

ocasionalismo y, en general, toda crítica de la racionalidad del nexo causal que no acabe en un

puro fenomenismo);



5) división de lo en sí en una multiplicidad (Demócrito y el mecanicismo en general; lo en sí

queda escindido o pulverizado, salvándose de este modo, sin perderse nada de su

inteligibilidad, un movimiento que en realidad no es más que desplazamiento o cambio de

posición, pues el movimiento es aquí la diversidad de posiciones recíprocas de entes

últimamente irreductibles: los átomos);



6) afirmación de lo en sí y simultánea afirmación de su incognoscibilidad teórica (Kant; salvación

de los conflictos de la razón teórica por la razón práctica; disolución por la acción de los

conflictos racionales; marxismo; primado de la fe; Jacobi, Fries; metafísicas irracionalistas:

Schopenhauer, etc.).



4. ¿Como podríamos sintetizar las posiciones frente a lo irracional?


Las posiciones sobre lo irracional pueden ser reducidas a las tres siguientes:



1ª. Posiciones que rechazan todo lo irracional (racionalismo, ciertas formas de empirismo);



2ª. Posiciones que admiten todo lo irracional (irracionalismo);

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3ª. Posiciones que niegan lo irracional en el método y afirman lo irracional como objeto.



En estas posiciones lo irracional suele ser más bien «metarracional». En este sentido puede decirse

que tales posiciones adoptan una actitud «metarracionalista» más bien que una actitud

«irracionalista».

El escepticismo, el criticismo y ciertas formas del idealismo han negado que exista algo en sí. No

es difícil refutar estas teorías tan antinaturales. Todas ellas nos ofrecen siempre las variaciones de

tres motivos: el primero es el principio de la conciencia (el objeto es en la conciencia, no puede

ser, por lo tanto, en sí), el segundo es el prejuicio correlativista (no habría ningún ente que no fuera

objeto de un sujeto), el tercero descansa en el supuesto de que no es posible comprender el valor y

el sentido en el mundo más que partiendo de una subjetividad. Pero la constatación más importante

es que, lo que es en sí, no necesita de demostración: su carácter de "dado" se halla contenido en el

fenómeno fundamental de darse el mundo, y ninguna teoría ha podido esquivarlo. El fenómeno del

conocimiento es de tal índole que rebasa su carácter mismo de fenómeno.



Sin embargo, no basta el análisis del conocimiento para eliminar toda duda. La trascendencia del

fenómeno se limita a que éste va más allá de sí mismo, hacia una decisión sobre el ser o no ser de

su contenido. En puros principios persiste la posibilidad de que no haya nada en sí, en los objetos

del conocimiento. Pero en ese caso la que nosotros denominamos conocimiento no sería tal. El

peso teórico de semejante duda es pequeño, porque la carga de la prueba corresponde a la parte

contraria. Pero, de, todos modos, esa duda ha sido por el momento eliminada.

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